Llevamos tiempo oyendo como se nos alerta sobre el cambio climático y de las causas que este tiene. Ante esta alerta mucha gente ha reaccionado pero mucha otra hace caso omiso al aviso, cada uno que piense lo que quiera, pero la verdad esta muy presente y es visible.
El cambio climático existe, aunque haya negacionistas que lo desmientan, es una realidad.
Para combatir este cambio los humanos debemos ser conscientes y llevar a cabo medidas que hagan de nuestro mundo un planeta más sostenible pero sin perder el nivel de vida que tenemos, para ello hay que llevar a cabo una transición que, como bien dice en su definición, “es la acción y efecto de pasar de un estado a otro distinto. El concepto implica un cambio en un modo de ser o estar. Por lo general se entiende como un proceso con una cierta extensión en el tiempo”. Es una proceso que lleva su tiempo, no queramos cambiar los hábitos de los últimos 50-60 años en dos días.
Para lograr este cambio la economía tiene que ser un actor principal de él. Muchos critican al “capitalismo” y al “consumismo” y no voy a ser yo quien diga que no tienen parte de la culpa, pero sí que es verdad que otros modelos económicos que se erigen como los salvadores no han hecho nada diferente.
Pero ya entrando en el tema económico, ¿Qué puede hacer la economía para iniciar esta transición?
La manera de ir avanzando en esta situación la dividiría en dos partes, la pública y la privada.
La gestión pública podría abogar por introducir medidas que protegiesen el medio ambiente de la siguiente manera:
- Las concesiones públicas tuviesen unos cánones ecológicos que cumplir, como el uso de medio de transporte eléctrico o el fomento de la re-utilización de los desechos.
- Beneficios fiscales a aquellas empresas que utilicen como fuentes de energía las renovables.
- Inculcar desde la enseñanza un uso adecuado de los recursos naturales, a los jóvenes, dicho de otra manera crear una conciencia medio ambiental a las próximas generaciones.
Por su parte los entes privados pueden llevar a cabo medidas desde el punto de vista empresarial y personal. Como individuos podemos utilizar menos plásticos, por ejemplo, llevar bolsas re-utilizables a la compra; el uso del transporte público y evitar el despilfarro materias primas, por ejemplo del agua. En cuanto a empresas, pueden desarrollar políticas de uso de fuentes de energía renovable, la re-utilización de recursos propios y generar externalidades positivas a nuestro planeta.
Todas estas medidas se pueden llevar a cabo apostando por la economía circular y el impulso de una economía medio ambiental, esto puede generar a su vez un impacto positivo en la economía, creando nuevos empleos y la aparición de nuevas empresas en lo que podemos denominar “el mercado verde”, empresas y puestos de trabajo destinados a la gestión y tratado de residuos para volver a darles uso.
Los gobiernos deben trabajar en fomentar medidas para la economía circular, pero la solución no esta solo en la mano de los políticos, también en la nuestra, nosotros como individuos podemos poner nuestro granito de arena para hacer de nuestro planeta un lugar mejor en el que vivir.